Un paseo por la Acrópolis

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La Acrópolis es el conjunto monumental más famoso de Grecia, un punto de referencia para la historia de la humanidad declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Todo un símbolo de la Antigüedad y de la civilización que surgió en Atenas en el siglo 5 a.C., es una obra maestra de la arquitectura de la época. La vida en Atenas giraba en torno a la Acrópolis, el eje del deporte, de las artes, de la política, de la gastronomía y de la vida comercial y religiosa. Los grandes filósofos y oradores de entonces vivían en la Acrópolis, desde donde impartieron sus enseñanzas y difundieron sus ideas.

Hoy seguimos los pasos de aquellos sabios al recorrer los mismos caminos de piedra y colinas que ya transitaron ellos ataño. Bienvenidos a la Acrópolis de Atenas.

Ruta | Duración estimada: 5-7 horas

Empezamos nuestra visita a la Acrópolis en la estación de metro de Thission Electric. Al salir de la estación vamos por la calle Adrianou, pasando por el bazar de antigüedades y los animados cafés y restaurantes para sumergirnos en los colores, sonidos y aromas de la ciudad. En 5 minutos estamos en la entrada del yacimiento arqueológico de la antigua ágora. Desde este antiguo mercado se disfruta una panorámica magnífica de la Estoa de Átalo y del Templo de Hefesto.

De vuelta en Thission, seguimos por la calle Agion Asomaton hasta girar a la izquierda por la calle Apostolou Pavlou. Caminando entre altos árboles y terrazas llegamos a la calle Herakleidon. Esta zona es un imán para los jóvenes y alternativos, un hervidero de vida. Sería imperdonable no pasar por el Stable y, si te gusta el arte moderno, tienes una cita con el Museo Herakleidon.

El paseo continúa por la calle Apostolou Pavlou. A la izquierda nos vigilan la Roca Sagrada, los Propileos, el Erecteión y el Partenón y al girar nos encontramos con la terraza del restaurante Filistron y su vista increíble de la Acrópolis. Unos metros más allá, el cine de verano de Thission nos remite a tiempos pasados. Es un lugar predilecto de los atenienses en verano. Por encima del cine sobresalen la iglesia de Santa Marina y la bóveda del Observatorio de Atenas.

Dejamos atrás el cine y la calle Eginitou para acceder al yacimiento arqueológico de Pnyka, la cuna de la democracia. El acceso es gratuito, así que no te lo pierdas.

Al salir de Pnyka, seguimos hacia la izquierda, rumbo a la colina de Filopapos, donde nos recibe la magnífica iglesia de San Demetrio Lumbardiaris (el Bombardero). Seguimos subiendo a través de un túnel de vegetación hasta la Prisión de Sócrates, donde se cree que el filósofo bebió la cicuta mortal.

Dejamos atrás la Prisión de Sócrates y continuamos monte arriba hasta nuestro destino: el Monumento de Filopapos, que nos brinda una panorámica extraordinaria de Atenas. La capital griega se extiende a nuestros pies hacia los cuatro puntos cardinales: el mar resplandece al sur, al norte y al oeste nos saludan barrios tradicionales y al este se yergue el monte Himeto. En verano las puestas de sol son espectaculares.

Continuamos en sentido contrario, hacia la iglesia del Bombardero, yendo por la calle adoquinada que sale a su derecha. Cruzamos la principal calle peatonal y vamos directos al Areópago. La escalera sube a la cima de la roca dedicada al dios Ares, sede del Tribunal Supremo de Atenas en la Antigüedad. Desde aquí las vistas también son espléndidas, un repaso estupendo de los monumentos que acabamos de visitar.

Comienza ahora la subida a la colina de la Acrópolis. Dejamos atrás el Areópago y compramos un billete a la entrada del yacimiento, nuestra máquina del tiempo particular. Junto a los escalones de mármol, pasan los Propileos y el Erecteión antes de alcanzar el Partenón. Estamos llegando al plato fuerte de la ruta, pero todavía quedan cosas por descubrir.

Ahora vamos monte abajo hasta el Odeón de Herodes Ático, un centro cultural moderno con un importante pasado histórico, arquitectónico y artístico. Al salir del Odeón, vamos a la izquierda por la calle Dionysiou Areopagiti para visitar la Fundación Meropeion y otros edificios neoclásicos como el Museo de Joyería Elias Lalaounis de la calle Karyatidon y varios consulados.

Al bajar por la calle Dionysiou Areopagiti, pasamos por los bonitos bloques de pisos de los años treinta antes de llegar a la entrada del nuevo Museo de la Acrópolis, sede de una de las colecciones más importantes del mundo. Aquí el visitante también puede comprar regalos en la tienda o comer o tomar un café. Al salir, a mano izquierda, se encuentra el edificio Weiller, de estilo neorromántico alemán con una notable mampostería.

Enfrente del nuevo Museo de la Acrópolis nos espera una última visita: el Teatro de Dionisos, escenario de obras de teatro clásicas durante los grandes festejos de las Dionisias. Como punto final, puedes reponer fuerzas en algún café de las calles de Dionyssiou Areopagiti y Makrygianni y digerir tranquilamente todo lo que acabas de visitar. La estación de metro de la Acrópolis queda a un paso. De camino al hotel no podrás dejar de pensar en las maravillas que has visto hoy.

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