El Maratón Clásico de Atenas

Image Gallery

Reviviendo una carrera mítica: el maratón moderno

El origen de los maratones se remonta a la épica Batalla de Maratón, que tuvo lugar en el año 490 a.C. Se dice que, cuando terminó la lucha, el heroico soldado y correo oficial Filípides corrió 42.195 metros sin parar del campo de batalla a Atenas para dar noticia de la victoria. A su llegada pronunció sus célebres últimas palabras –“Hemos ganado”– y murió. La leyenda pone de relieve el gran poder de la voluntad del hombre, e inspiró la creación de un acto sin igual, una prueba que ha entusiasmado a atletas de todo el mundo hasta nuestros días.

El concepto del maratón como prueba deportiva se atribuye al filólogo francés Michel Bréal, amigo del pedagogo e historiador francés que fundó el Comité Olímpico Internacional, más tarde padre de los Juegos Olímpicos modernos: Pierre de Coubertin.

Con motivo del resurgimiento de los Juegos Olímpicos en Atenas en 1896, Bréal propuso organizar una carrera cuyos corredores cubrieran la misma distancia que el valiente Filípides. Y así nació el maratón moderno, el 10 de marzo de 1896, en las eliminatorias para elegir a los seis atletas que representarían a Grecia en los primeros Juegos Olímpicos de la modernidad.

El Maratón Clásico de Atenas

Atenas, cuna del maratón, acoge a corredores de todas las edades y nacionalidades para participar en su maratón anual. El 31.º Maratón Clásico de Atenas se celebrará el domingo 10 de noviembre, con la participación de más de 30.000 corredores, en memoria del insigne pacifista Grigoris Lambrakis.

La salida es la Tumba de Maratón y la meta el Estadio Panatenaico (también conocido como Kallimármaro), en el centro de Atenas. Además de los maratones tradicionales, habrá carreras de 5 y 10 kilómetros con miles de atletas, así como competiciones infantiles y la carrera de los Juegos Paralímpicos.

Este año la capital de Grecia tiene un motivo más para ser el foco de atención: el 8 de noviembre, dos días antes de la carrera, la Asociación Internacional de Maratones y Carreras de Fondo (AIMS) junto con la Asociación Helénica de Aficionados al Atletismo (SEGAS) premiarán a los mejores corredores de maratón del mundo. Los afortunados serán elegidos por una votación global en la gala que se celebrará en el anfiteatro de la Universidad de Atenas. Esta ceremonia de entrega de premios marcará el comienzo de una nueva tradición griega, pues a partir de ahora se celebrará todos los años en este país.

El Maratón Clásico de Atenas es un acontecimiento atlético épico que conjuga el pasado con el presente, y nos recuerda los valores intemporales que unen a pueblos y naciones de todas partes del mundo.

La Batalla de Maratón

Está considerada por muchos historiadores una de las batallas más importantes de la historia. Saldada con la victoria de los griegos frente a los persas en el 490 a.C., la Batalla de Maratón afectó profundamente el curso de la historia griega, pues impulsó el auge del helenismo clásico en todo el continente europeo y sentó las bases de lo que ahora conocemos como “civilización occidental”.

Después de que los griegos de Asia Menor se aliaran con los atenienses y los erétricos para levantarse contra los persas en la fallida Revolución Jónica, el rey persa Darío I decidió sacar partido de la debilidad de Grecia y destruir Atenas y Eretria. En el 490 a.C., Darío I envió un gran contingente naval, comandado por Datis y Artafernes, con la misión de conquistar las Cícladas y después dichas dos ciudades.

Después de la rápida destrucción de Eretria, el ejército persa emprendió la marcha por la llanura de Maratón en dirección a Atenas. Allí los esperaban 10.000 soldados atenienses con otros 1.000 de Platea. Aunque el ejército espartano también ofreció su ayuda, llegó con retraso por culpa de una festividad religiosa durante la cual estaba prohibida toda actividad militar. La superioridad numérica persa era abrumadora. Según Heródoto, contaban con 200.000 soldados de infantería, aunque los historiadores modernos calculan unos 100.000.

Los ejércitos evitaron el enfrentamiento durante cinco días. Los diez generales al mando las fuerzas atenienses rotaban a diario. El sexto día, el general Milcíades decidió atacar ante la súbita retirada del ejército persa. Organizó un batallón con un núcleo débil pero muy reforzado por los flancos. Mientras el núcleo del batallón atacaba a los persas, los soldados de los flancos rodearon a los persas desprevenidos y los derrotaron rápidamente. Ese día los persas perdieron más de 6.000 soldados, los plateos solamente 11 y los atenienses 192. Cuando se levantó el Partenón se añadieron figuras humanas en honor a los caídos en esta contienda.

La batalla de Maratón señaló la primera gran victoria de los griegos sobre los persas, lo que les aportó confianza al probar que la potencia asiática no era invencible.

Después de la debacle, los buques que transportaban a la caballería persa se dirigieron al Pireo para conquistar Atenas, que había quedado desprotegida. Pero a su llegada les esperaba una gran sorpresa. Los atenienses, a pesar del cansancio provocado por la batalla y de las pesadas armas que acarreaban, habían llegado a Atenas antes que ellos y estaban listos para defender su ciudad. Cuando los persas avistaron el Pireo y vieron a los atenienses, con sus escudos relucientes al sol, admitieron su derrota y regresaron a su tierra humillados.

La idea de la carrera actual está directamente relacionada con la Batalla de Maratón. Según los historiadores, el soldado Filípides corrió 42.195 metros de Maratón a Atenas para llevar la buena nueva de la victoria griega. Este corredor tan admirado por sus contemporáneos llegó a la Asamblea, proclamó la victoria y murió.

El corredor de maratón de la Antigüedad

Las competiciones de atletismo eran toda una tradición en la Antigüedad, cuando solían acompañar a las festividades religiosas. Los primeros datos de la preparación de los atletas nos han llegado a través de las epopeyas de Homero, pero el entrenamiento sistemático no se instituyó hasta el nacimiento de los Juegos Olímpicos, en el siglo VIII a.C.

La resistencia, una nutrición adecuada y un entrenamiento estructurado eran los parámetros básicos para lograr un rendimiento atlético óptimo. Estos asuntos fueron motivo de estudio para médicos, filósofos, escritores e incluso legisladores como Solón. Con el objetivo de lograr la mejor forma física posible, los griegos recopilaron datos de diversas disciplinas, como eran la medicina deportiva, la fisiología y la nutrición, hasta definir las normas básicas de un entrenamiento adecuado.

Tanto los atletas como los entrenadores querían lograr el máximo rendimiento posible y siempre de acuerdo con las normas. Así, los atletas que seguían la preparación, el entrenamiento y la dieta correctos tenían muchas más posibilidades de conseguir la victoria, el máximo honor para un atleta y su tierra natal.

El entrenamiento constaba de tres partes. La primera consistía en un calentamiento con ejercicios suaves, movimientos específicos y frotamientos con el fin de preparar los músculos y las articulaciones para el entrenamiento. La segunda era la rutina principal: entrenamiento de los músculos y fortalecimiento de la resistencia del atleta para mejorar su rendimiento. Los entrenadores nombrados elegían distintos ejercicios para cada deporte. La tercera fase era la rehabilitación, que se consideraba primordial. Los atletas hacían ejercicios de respiración y relajación para aflojar los músculos y descansar todo el cuerpo. Los entrenadores también daban mucha importancia a relajarse entre una sesión y otra de entrenamiento y aconsejaban a los atletas que tomaran el sol.

Los corredores de maratón tenían que concentrarse intensamente durante todo el entrenamiento. Debían seguir un plan de entrenamientos muy sistemático, practicar la abstinencia y mantener una actitud discreta. El principal objetivo, además de cubrir grandes distancias, era hacerlo de una forma brillante.
 
La comida como combustible

La comida es, sin lugar a dudas, el combustible que necesita el cuerpo para funcionar correctamente. Por lo tanto, los atletas debían seguir una dieta sana, consumir determinados alimentos para mejorar su resistencia y alcanzar su máximo potencial. La dieta de un atleta se diseñaba especialmente para protegerlo de las lesiones, garantizarle una curación rápida después de ellas, subirle la moral e infundirle optimismo.

Los escritores de la Antigua Grecia documentaron la labor de los expertos, responsables del régimen diario de los atletas, que diseñaban una combinación especial de nutrientes basándose en la constitución y en la actividad de cada atleta. Los deportistas intentaban aumentar su rendimiento consumiendo carne de varios tipos o bebiendo sangre del ganado antes de cada carrera. En los Juegos Olímpicos del siglo III a.C., los atletas comían hongos estimulantes y los cocineros les preparaban pan especial con propiedades analgésicas.

En la Antigüedad, los médicos eran fundamentales en la preparación de los atletas para competir, pues seleccionaban el régimen que debían seguir. Alrededor del siglo I d.C., atletas como los corredores de maratón bebían una poción especial elaborada con hierbas griegas para aumentar su resistencia al recorrer largas distancias.

En la actualidad, es de dominio público que las proteínas y los hidratos de carbono suministran al cuerpo las calorías que necesita para generar energía, mejorar la resistencia y fortalecerse. Por eso, los atletas suelen incluir en sus dietas alimentos tales como carnes magras, plátanos, cereales, huevos, yogures, pasas, boniatos, almendras, salmón, verduras, etc. La ingesta de líquidos es igual de importante para garantizar una correcta hidratación del cuerpo.

El cometido del corredor en la Antigua Grecia

En la Antigüedad, todas las expediciones, incursiones militares y batallas contaban con la presencia de un hemeródromo, un corredor avezado que era responsable de llevar las noticias de victoria o de derrota a casa y de la comunicación con otras regiones.

En aquella época no había ningún servicio postal organizado y las carreteras solían ser inaccesibles y peligrosas, pues a menudo los correos oficiales tenían que atravesar territorio enemigo. Por eso las comunicaciones eran más difíciles y todavía más importantes.

El correo oficial de cada unidad viajaba a pie, pues los caballos eran fácilmente detectables por el enemigo, y llevaban mensajes relacionados con la guerra y la paz.

Según los escritores de la época, los correos siempre iban armados y vestían una armadura muy pesada. Además de protegerlos, era su uniforme obligatorio por imperativo legal y moral. Los correos que viajaban desarmados después de la batalla eran considerados desertores por sus gobernantes. Recorrían muchos kilómetros sin parar, con frecuencia en condiciones muy adversas y en un muy poco tiempo. Su objetivo era sagrado: entregar su mensaje a toda costa.

Teniendo en cuenta que los correos recorrían cientos de kilómetros por caminos escarpados, cansados de la batalla, con una pesada armadura y sometidos a una gran tensión, no es de extrañar que fuera bastante normal que murieran después de entregar su mensaje, como fue el caso de Filípides.

Además de correos, también había vigías diurnos, cuyo cometido era vigilar la zona desde lo alto de puntos estratégicos e informar a los generales o gobernantes de todo movimiento hostil o sospechoso.

En memoria de la gesta del correo Filípides en el 490 a.C. para entregar en Atenas el mensaje de la victoria de Maratón, Michel Bréal propuso añadir esta carrera a las pruebas olímpicas. Bréal, que era amigo de Pierre de Coubertin, fundador de las Olimpiadas modernas, consiguió incorporar el maratón al calendario olímpico en 1896. Ahora es una de las pruebas de atletismo más emblemáticas, pues esta carrera de 42.195 metros ensalza la magnitud de la voluntad del hombre y une a millones de personas de todo el mundo.

Para más información sobre el Maratón Clásico de Atenas, ve a la web:  www.athensclassicmarathon.gr

Available on AppStore Get it on Google play